mosca ahogada (I)

León: plumas y moscas entre la tradición y el futuro. I Parte: los Gallos

La primera referencia que tenemos sobre los gallos de León y algunas de sus variedades de pluma utilizadas en el montaje de moscas data del año 1624.

El manuscrito de Astorga, escrito por Juan de Bergara con el asesoramiento técnico de Lorenzo García, describe la composición de algo más de una treintena de moscas artificiales. Desgraciadamente no nos da demasiadas pistas de cómo los materiales descritos se engarzaban entre sí y sólo podemos hacer conjeturas sobre su aspecto. En cualquier caso, dada la profusión de plumas que llevan muchas de las moscas, parece evidente que no se correspondía demasiado con el de las actuales moscas ahogadas leonesas.

En ese antiguo texto se citan ya los dos tipos básicos de pluma que actualmente encontramos en los gallos leoneses: pluma parda y pluma india; si bien a los gallos que hoy denominamos indios el manuscrito los denomina negriscos, término que actualmente se refiere exclusivamente a las plumas procedentes de gallo indio de color negro intenso.

El manuscrito menciona las siguientes variedades de negrisco: acerado, claro, acerado enaguado, acerado negrestino, crudo acerado, arrubiscado, vidriado, aceitunado, negro, pasado dorado, claro pasado, ahumado, transparente, y de color de grulla.

12pardo.jpg (8199 bytes) Gallo pardo de León.

Y una amplia variedad de pardos: conchado, crudo conchado, corzuno, moreno, dorado conchado... En el caso de los pardos a menudo el manuscrito se limita a describir su aspecto general, por ejemplo: "pardo de la más negra y saltada obra que se allare".

A propósito del término obra. Su significado en el manuscrito se suele interpretar, en las diversas transcripciones que de él se han hecho, en el mismo sentido que actualmente tiene entre los montadores españoles de mosca ahogada: cantidad y longitud de las barbas útiles para el montaje. Pero esa traducción no me parece acertada: cuando en el manuscrito aparece la palabra obra lo hace refiriéndose a la calidad del moteado propio de las plumas pardas. Por ejemplo, en la descripción de las encubiertas de marzo se menciona una pluma "de obra menuda pasada, saltada clara", descripción que podría referirse a un moteado fino, que pasa al envés de la pluma, y de color claro (el término "saltada" puede significar tanto resaltada como salteada). Otro dato muy significativo que apoya este antiguo significado del término es que nunca se menciona la obra en referencia a los negriscos.

Dejo aquí el manuscrito, que merece un artículo aparte, y me centro en la realidad actual de los gallos leoneses y sus plumas. Lo primero que hay que decir es que los gallos pardos e indios son dos variedades bien diferenciadas, seleccionadas durante siglos por los criadores con el único fin de conseguir mejores plumas. No son razas claramente definidas siguiendo un estándar morfológico completo al que sus criadores se atengan, pues no son gallos de exposición sino gallos de explotación de pluma, y los cruces con otras variedades no han sido seguramente nada excepcional; pero a la postre si no son razas registradas sí están muy cerca de poder serlo y puede hacerse una descripción general de las mismas.

Los gallos indios son gallos esbeltos de tamaño medio, de color general grisáceo y aspecto delicado. Genéticamente, y en lo que se refiere al color de la pluma, mezcla genes propios de los gallos negros y genes de gallos gris azulados. Los criadores los han seleccionado de forma intuitiva para que el gen negro se manifieste lo menos posible, pues la pluma negra tiene peor salida, y generalmente peor calidad. En estos gallos el manto, la esclavina y las plumas de riñonada y colgadera, además de una completa escala de grises que va del blanco al negro, puede presentar colores amarillentos o rojos y marrones más o menos marcados.

12indio.jpg (8258 bytes) Gallo indio de León.

Los gallos pardos son aves algo más rechonchas y normalmente más pesadas, aunque se distinguen dos variedades y la pequeña es algo más ligera que el gallo indio medio. El fenotipo de su plumaje es el denominado por los avicultores "abedul": plumas del pecho, cola y la parte inferior del gallo de color negro; y esclavina, hombros, espalda y colgaderas de color blanquecino, amarillento o rojizo.

Lo anterior en cuanto a su aspecto general, pero a los pescadores poco nos importa eso: son sus plumas las que merecen nuestra atención, y en cuanto a ellas respecta hay muchas cosas que decir.

A diferencia de otros gallos famosos entre los pescadores, en los gallos de León son sobre todo las plumas de la espalda, las riñonadas y colgaderas (en inglés spades hackles y saddles hackles respectivamente), las que se utilizan para el montaje de moscas artificiales. Tal vez en tiempos de Juan de Bergara las preferidas fueran las colgaderas (el manuscrito de Astorga sólo en una ocasión dice de dónde se saca la pluma de gallo necesaria para montar las moscas, y resulta referirse a una pluma de cuello, suponemos que esa referencia se hace precisamente porque no eran las habitualmente utilizadas), que son plumas más largas y más estrechas, y eso explicaría porqué en ocasiones el manuscrito habla de dar varias vueltas de pluma, pero ahora son las riñonadas las más apreciadas por su mayor brillo y sus supuestamente mejores cualidades generales para el montaje de moscas ahogadas. En los gallos indios se comercializan también las plumas de cuello para confeccionar moscas secas, pero este aprovechamiento es relativamente novedoso y tiene una difícil competencia con los cuellos de gallos seleccionados por los grandes productores americanos.

Las plumas de colgadera y riñonada de los gallos leoneses tienen largas barbas libres, limpias de barbillas, elásticas y brillantes. La selección artificial ha aumentado esas cualidades, además de buscar una amplia variedad de colorido más del gusto de los pescadores, y supuestamente de las truchas.

Las plumas que se obtienen de los gallos pardos e indios se cogen del gallo vivo. Cuando el gallo tiene unos seis u ocho meses el criador realiza la primera pela, llamada limpia. Las plumas de esa primera pela no valen mucho y a menudo se deben tirar. A partir de ahí, y cada dos meses y medio o tres meses, siempre con la luna en cuarto menguante y habitualmente saltándose la pela de invierno, se suceden las pelas, también llamadas capas. Hasta la cuarta pela el gallo, aunque sea bueno, no produce pluma de calidad.

Magníficas colgaderas de gallo pardo. 12colgad.jpg (14300 bytes)

En cada pela se obtienen entre 6 y 9 mazos de riñonada y 9 o 10 mazos de colgadera (en los gallos indios se pueden obtener además alrededor de 200 plumas de cuello). Cada mazo consta de 12 plumas, y su precio varía mucho según la calidad de las plumas, desde alrededor de 100 ptas (0,75 $) para unas colgaderas de poca calidad, hasta las 700 ptas (5 $), bastante más en el caso de calidades excepcionales, que puede costar en origen un buen mazo de riñonada.

A las personas sensibles, preocupadas por el sufrimiento de los animales, les diré que el proceso de la pela no es ninguna tortura para el gallo, que la soporta con un aire que puede definirse como de molesta resignación. Después de la pela se aplica en la piel de la zona pelada alguna pomada desinfectante y anti-inflamatoria, o bien se dan friegas con productos naturales de uso tradicional.

Actualmente se distinguen los siguientes tipos principales de indio:

12acerad.jpg (14234 bytes) Acerado: Gris medio. En distintos tonos, más claro o más oscuro, es el color más común y más utilizado de la gama de los indios.
12platea.jpg (12229 bytes) Plateado: Gris muy claro y brillante. También denominado cristal o perla.
12palome.jpg (7140 bytes) Palometa: Blanco puro, a veces amarillea ligeramente.
12negris.jpg (11763 bytes) Negrico: Negro
12inrubi.jpg (11200 bytes) Rubión: Rojizo, de tono más o menos subido. Entre un anaranjado claro y un castaño oscuro
12sarnos.jpg (7562 bytes) Sarnoso: Color gris sucio salpicado de manchas más o menos definidas. Muchos montadores de moscas ahogadas piensan que no hace, en general, buenas moscas.
12avella.jpg (13703 bytes) Avellanado: Un tono difícil de describir (y según algunos de encontrar en su auténtico color): marrón claro con un moteado menudo, algo así como un intermedio entre un rubión apagado y un sarnoso.

Y los siguientes tipos básicos de pardo:

12flores.jpg (14289 bytes) Flor de escoba: Fondo amarillento o anaranjado y moteado oscuro con manchas (llamadas pencas) más o menos gruesas.
12encend.jpg (14294 bytes) Pardo encendido: Igual al flor de escoba pero con el color  muy vivo y brillante.
12corzun.jpg (13968 bytes) Corzuno: Fondo castaño parduzco y moteado abundante, como la piel del corzo.
12sarrio.jpg (11301 bytes) Sarrioso: Fondo más claro que en el corzuno, del color del sarrio (rebeco o gamuza), y moteado más o menos grueso (para unos debe tener penca algo gruesa, para otros sólo un punteado fino).
12crudo.jpg (12072 bytes) Crudo: Fondo muy claro, blanco, con pencas gris oscur
12palpar.jpg (12447 bytes) Palometa de pardo: Es un pardo crudo sin manchas.
12rubpar.jpg (7602 bytes) Rubión: Colores rojizos, similares a los del indio rubión, aunque los rubiones pardos suelen presentar alguna pequeña mota.
12aconch.jpg (14220 bytes) Aconchado: Fondo claro y pencas redondeadas que dibujan con más o menos claridad una serie de ondas.
12langar.jpg (9249 bytes) Langareto: Es una pluma mítica y no está muy claro cuál debería ser su aspecto. Se suele decir que el auténtico langareto lleva pencas alargadas que dibujan tres bandas sobre la pluma, pero que hace tiempo que esa pluma no se encuentra. Ahora se suele denominar langareto a los aconchados que marcan las ondas con más precisión, o a aquellos con pencas más o menos alargadas.

En las anteriores definiciones he procurado seguir la corriente mayoritaria, pues al no existir una colección modelo es difícil lograr el acuerdo entre todos los pescadores y criadores sobre las características concretas que deben tener cada uno de los tipos citados, y más teniendo en cuenta que de cada una de las variedades citadas hay numerosas sub-variantes, realmente tantas que a veces no es nada fácil encontrar una pluma parecida a aquella que compramos unos años atrás y que tan buenos resultados nos dio.

El centro de cría de los gallos leoneses de pluma se ubica en unos pocos pueblos situados al norte de la provincia de León, en el valle del río Curueño y sus inmediaciones. Hace unas décadas los gallos pardos se encontraban sobre todo en las localidades de Campohermoso, Aviados y La Mata de Bérbula, y los gallos indios eran típicos de La Cándana. Actualmente ambas variedades se encuentran en cualquiera de los lugares citados y en otros pueblos de los alrededores, entre los que destaca La Vecilla por el número de explotaciones.

La cantidad de gallos de pluma que actualmente se crían en el Curueño se estima en 2.000 pardos y 3.000 indios, la mayor parte en el municipio de La Vecilla, que agrupa los pueblos de La Vecilla, Campohermoso, La Cándana y Sopeña. No es una cifra muy alta, pero tengamos en cuenta que tras el primer concurso de gallos de León, que tuvo lugar en 1962, se censaron solamente 49 gallos indios y 202 gallos pardos. Este censo aumento bastante a lo largo de los años setenta, pero a principios de los ochenta una epidemia de seudo-peste aviar casi acabó con los pardos de la vega del Curueño. Esto indica que la cría de gallos pardos e indios es una actividad en auge, tal vez un auge demasiado rápido y descontrolado que, según algún veterano pescador y montador de moscas, ha hecho descender la calidad media de la pluma de estas magníficas aves.

Según afirman los criadores de los pueblos del valle del río Curueño, cuando estos gallos salen de la zona las buenas cualidades de la pluma se pierden en gran parte, lo que atribuyen a algún misterioso elemento del suelo que los gallos ingieren al alimentarse, o incluso a una supuesta veta de uranio situada en el subsuelo del lugar, cuyas radiaciones serían, según algunos, responsables del alto brillo de las plumas.

El mismo gallo de la foto anterior, rodeado de otros gallos, mostrando el intenso brillo de sus plumas de riñonada. 12rinona.jpg (9193 bytes)

No hay ningún estudio que apoye la anterior afirmación, y lo cierto es que, en este momento, fuera de esa comarca y en diversas localidades de la provincia de León se crían al menos tantos gallos como en el Curueño, y en otras provincias españolas, y fuera de España, hay una cantidad sin determinar, pero que puede rondar un millar de ejemplares de cada raza. Entre todos esos gallos hay algunos que producen pluma de excelente calidad, por lo que no me extraña demasiado lo que cuenta Fernando Orozco en su libro "Razas de gallinas españolas" (1989): que plumas aportadas por él a pruebas de calificación realizadas por expertos en pluma de León quedaron en muy buen lugar, cuando esas las plumas provenían de gallos de diferentes razas y de lugares muy alejados de León.

Pero, en definitiva, eso no significa sino que rebuscando entre miles de gallos de todo tipo podemos encontrar alguno que casualmente tenga pluma aceptable para el montaje de moscas, y no resta un ápice a las grandes virtudes, y la excepcional clase y seductora belleza de la pluma de los mejores ejemplares, de los gallos pardos e indios del Curueño. Y es que es lógico que la calidad media de la pluma sea mayor en el área tradicional de cría porque allí se han tenido mejores oportunidades, y más tiempo, para realizar una buena selección; además de que los pocos gallos y gallinas que salen de la comarca para iniciar explotaciones en otros lugares no son, lógicamente, los mejores ejemplares.

Esa calidad de pluma puede estar relacionada, además de con razones genéticas, con el tipo de explotación (extensiva mejor que intensiva), la alimentación (lo más natural posible), la pela realizada en el momento y de la forma adecuada, y el clima en el que el gallo crece. Pero estoy hablando de calidad y aún no he dicho cómo se mide ésta.

A la hora de comprar un mazo de pluma se tienen en cuenta los siguientes factores generales:

  • La longitud y la cantidad de barbas limpias de pelusa, lo que ahora denominamos obra, lógicamente conviene que sea lo más abundante posible por el mismo precio.
  • La conformación de las barbas: que no estén rotas, raídas o dobladas. Que las puntas se mantengan rectas y tengan similar color al resto de la barba. Que sean flexibles y elásticas. Que no sean ni demasiado finas ni demasiado gruesas. Que flexibilidad y rigidez guarden un buen equilibrio.

En las plumas de gallos pardos debemos, además, tener en cuenta:

  • Que la pluma sea muy brillante por el haz y que conserve buena parte de ese brillo en el envés. Que el moteado, las pencas, calen la pluma y se aprecien con claridad por ambas caras. Y es importante que el color de fondo de la pluma se mantenga parecido por el haz y el envés, que no tenga el envés blanquecino y "muerto".

Y en la pluma de los gallos indios hay que comprobar con especial atención:

  • Que el color sea uniforme, sin manchas. Que las barbas sean finas pero bien rectas y elásticas. Y que la pluma tenga similar brillo y color por ambas caras.

Una vez en posesión de buenas plumas sólo queda confeccionar con ellas moscas igualmente buenas, pero eso ya es otra historia que dejo para el siguiente artículo. Próximamente, en esta misma revista virtual.

Alejandro Viñuales 

Artículo publicado en ConMosca el 18 de mayo de 2004

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