Pesca a la Allerana

20 años pescando a "seca". A modo de justificación

El trabajo que hoy me atrevo a presentar tiene mucho que ver con la historia de la pesca en nuestro país, y más aún con la pesca a mosca en Asturias de donde la modalidad es originaria. La pesca a la Arellana, nace de la necesidad de presentar una mosca en superficie y nada mejor para hacerlo que una vara larga, posiblemente de avellano o bambú que devendrían a canas de fibra y carbono. Su autor, Paulino Posada, Cholo para los amigos, fue un gran defensor e innovador de ésta técnica a la que aporto modernos materiales para el equipo y montaje de sus moscas. Pero Cholo fue más que éso, su lucha por los ríos, sus conocimientos y su gran pasión por la pesca tornaron su vida cambiando la venta de automóviles (Codimovil) por la de moscas, carretes y cañas. Su calidad humana y seriedad profesional le convirtieron en el número uno de las ventas por correo y a su tienda acudíamos todos los que por entonces teníamos algo que ver con el mundo de la mosca. Cholo no solamente pretendía vender, en cada anzuelo, caña o carrete iban incluidos los mejores consejos de uso, y en muchísimas ocasiones clases personales de montaje, lance o de pesca en general. Tal vez su mayor pasión fue la Vara Larga, que compartió con clientes y amigos y que acosado por sus preguntas le indujeron a escribir éste manual que fotocopiaba y regalaba.

El escrito que posiblemente no pase a ser un clásico de la pesca, aporta interesantes datos sobre la pesca a mosca con caña de línea pesada, expone con claridad las técnicas y preparación del equipo de una pesca muy asturiana, y su publicación, nos sirve a muchos compañeros como homenaje a un hombre que supo ser amigo de muchos pescadores, algo casi imposible y que solo lo consiguen las personas excepcionales.

Manuel Iglesias -Flycasting-

20 años pescando a "seca"

A modo de justificación

Después de una continuada práctica de la pesca a mosca seca con caña de dos manos, durante los últimos veinte años, período en el que he leído con avidez todos cuantos libros de pesca han llegado a mis manos, he de manifestar que no he encontrado ninguno que trate seriamente de esta modalidad.

Ello ha sido el motivo que me ha animado a reflejar sobre el papel el conocimiento del tema que he ido adquiriendo.

En este breve trabajo, no pretendo establecer la dicotomía de si caña corta (de una mano) o si caña larga (de dos manos), ya que creo que las dos modalidades tienen su utilidad o ventaja en función del tipo de río donde se pretenda pescar. Me explicaré:
Caña de una sola mano, de 2,40 a 3 m. de largo en aguas más o menos mansas o de tablada y caña larga de dos manos de 5 a 6 m. en aguas rápidas de ríos de montaña.

Con todos mis respetos para los pescadores de caña corta, backing, bajo de línea, etc., pesca que esporádicamente también practico, digo que creo en la pesca a mosca seca con caña larga, que tan grande implantación tiene en estos pagos (Asturias, donde resido) y afirmo que esta no es una forma de pesca menor o descafeinada, que tiene su arte y ciencia, y bien merece un espacio en la bibliografía de este deporte que, hasta el presente momento no ha sido tratado con los honores debidos.

Y basta ya de rodeos y entremos de lleno en el “meollo” de la cuestión.

Mieres, agosto de 1988

Tal vez su mayor pasión fue la Vara Larga, que compartió con clientes y amigos y que acosado por sus preguntas le indujeron a escribir éste manual que fotocopiaba y regalaba.

 

El equipo de pesca

Amén de las imprescindibles botas o vadeadores que os permitirán introduciros en el agua en busca de la “tablada” o “echada” propicia donde presuntamente estén los peces dispuestos a tomar vuestras moscas, deberéis estar provistos de unas gafas polarizadas que eliminen los desagradables y deslumbrantes brillos por reflejo del sol en la superficie del agua. También de una visera o sombrero de buen ala para protegeros del sol. Un chaleco donde portéis el nylon, bajos de línea, moscas, hidrófugos, spray anti-perros, y demás “metralla”. Una sacadora destinada a garantizar vuestras capturas, una cesta no demasiado grande ya que las truchas de buena talla van escaseando y ... una caña!!

No abundaré en detalles sobre el resto de arriba descrito por bastante conocido, pero, si quiero hablaros de...

Las cañas

Tal como se dice en la introducción, la medida de la caña deberá estar entre cinco y seis metros. Pudiendo ser de fibra de vidrio la primera medida recomendando ser de grafito o carbono la segunda. Estas últimas resultan mas ligeras incluso siendo más largas y permiten alcanzar objetivos mas alejados. Por mi parte prefiero siempre una caña mixta de 5,5 m. de carbono en sus cuatro primeros tramos y aislada y tele regulable en sus dos primeros, con la base hecha en fibra de vidrio, a la que he adaptado mediante un portacarrete un sencillo, pero muy eficaz, carrete PEERLEES-BAM modelo Protec-51, dotado de unos 40 m de backing de 20 libras de resistencia, que actúa a modo de cola de rata, al final del cual he puesto un bajo de línea “torcido” al que ato la mosca. Es de una acción dulce y me permite alcanzar, sin dificultad, objetivos situados a más de 15 m., siempre que no reine un fuerte viento en dirección contraria.

También practico esta pesca con una económica pero eficiente caña, de fibra de vidrio de 5 m. dotada de los tramos primero y segundo en fibra de carbono, con precio que incluyendo el carrete, backing y bajo de finca no alcanza las 12.000 pts, al alcance hoy día del pescador mas modesto.

Mención especial merece la caña marca LERC de 5.40 m. de largo, hoy desgraciadamente desaparecida del mercado, que algunos pescadores cuidadosos de su material poseen desde hace más de 20 años, y que recordamos por su excelente calidad y estupenda acción de pesca, siendo pionera en esta modalidad.

Naturalmente, existen en el mercado otros tipos de cañas mas o menos semejantes a las descritas con las que podéis iniciaros en este tipo de pesca, seguramente con óptimos resultados, por lo que al deciros lo anterior, solamente pretendo manifestar mis preferencias, derivadas de experiencias personales. Para finalizar este tema, os aclaro que las cañas no llevan anillas, ya que son siempre engorrosas a la hora de caminar por la orilla del río, pues suelen meterse ramitas en las mismas y además añaden peso a la caña, por lo que, por aquí en Asturias, y muy concretamente entre los ribereños del río Aller, famosos por su destreza en este modo de pesca, se ha desarrollado notablemente la técnica del “hilo por dentro, por detrás”, que ha alcanzado una gran implantación y elimina los problemas de las anillas.

Las moscas

Basándonos en que vais a realizar el ejercicio de la pesca en aguas de ríos de montaña, generalmente muy batidas y de fuertes corrientes, es necesario estar provistos de moscas bien abundantes de pluma, tipo palmer o “paisana”, para así conseguir un alto grado de flotación e imitar de este modo a los distintos insectos que caen al río y despiertan el apetito del pez mientas permanecen en la superficie del agua, donde, teóricamente, resulta mas fácil el engaño. En el caso de resultar escasas de pluma o que éstas sean de mala calidad, veréis con tristeza que no tienen flotabilidad y que rápidamente se las tragan las aguas con avidez, impidiendo así una racional pesca con mosca seca. Ello no obsta para que en el caso de producirse la inmersión de la mosca, pueda haber alguna trucha dispuesta a tomar el engaño, si embargo, por la experiencia que tengo, sucede muy raras veces.

Aunque tengo la manía de “atar” o “montar” toda clase de los llamados “monstruos” (gusarapas, gusarapinos, maravallos o gusanos de carcaj , etc.) que ocasionalmente pongo en el agua para tentar a nuestras amigas la truchas. A la hora de verdad tomaré de mi caja (en realidad, cajas) una mosca bien poblada de plumas de los siempre inmejorables “cuellos” americanos METZ, HOFFMAN, etc. montada en un anzuelo del número 14 de buena calidad, con hilo de los colores rojo vivo, marrón tabaco, carne o amarillo limón. Los colores de las plumas pueden ir de los colores DUN, GRIZZLY, pasando por el GOLDEN BAGDER, SANDY DUN oscuro, o el de reciente presencia en el mercado LIGHT BLUE DUN.

Como veis, se trata de un surtido de moscas reducido, pero que me han probado sobradamente su eficacia en los ríos de montaña de Palencia, León y de Asturias.

Insisto, sobremanera, en que las moscas estén abundantes de buena pluma, montadas con “hackles” de buena calidad, y cuyo diámetro de “paraguas” o desarrollo no sea demasiado pequeño, sino más bien que sea mediano o grande (hasta 25 mm.) para poder verlas bien y que no pierdan flotación. Aunque también estoy seguro de que encontraréis pescadores dispuestos a convenceros de la conveniencia de utilizar micro-moscas, montadas en anzuelos del número 18 ó 20, cosa que en este tipo de ríos rechazo totalmente.

La técnica

Fijada ya la mosca elegida al bajo de línea, la impregnaréis por inmersión en el hidrófugo de vuestra botellita de tipo HYDROSIL o con spray o gel de silicona, tomando la mosca por el nylon, a unos 7 u 8 cm. de la misma y golpeándola suavemente contra una de vuestra botas o contra la propia caña, eliminaréis así el exceso de hidrófugo con lo que la mosca quedará impermeabilizada y a la vez recobrará su aspecto natural y tentador para el pez.

Cuidado de llevar un atuendo o ropaje que no desentone con el medio (color caqui, verde, de camuflaje...) para pasar desapercibidos ante la agudísima vista de las truchas. Haréis el primer lance o posada de la mosca sobre las aguas que corren en vuestra orilla del río, lo mas alejados posibles de la misma, donde se mueven y baten con alguna fuerza (no es las aguas mansas donde pronto advierten el engaño) y en las zonas aledañas de las mismas, sin desdeñar las pequeñas cascadas, paseando la mosca por encima y debajo de ellas, también el lado de las piedras que emergen en el río, y al lado de las ramitas que bajan hasta el agua, en fin, donde vuestro sentido del río os diga que allí puede estar apostada una buena pieza esperando vuestra mosca.

Para realizar el lanzado, y a semejanza de la pesca “al látigo” o con “cola de rata”, deberéis primero pasar la línea por detrás de vosotros (cuidado con las ramas) para seguidamente lanzar la mosca hacia delante sobre vuestro objetivo, con alguna, aunque no demasiada energía y hacer una posada sobre el agua con naturalidad, como si de un insecto real se tratase.

Posada ya la mosca sobre el agua, deberéis permanecer muy atentos a la misma, sin perderla de vista, para ver con deleite como la trucha sube a tomarla y, respondiendo con un rápido aunque suave “cachete” ejercido sobre la caña, clavar la pieza.

Una vez clavada y juzgado el tamaño de la trucha, veréis la conveniencia de ponerla rápidamente en “secano”, o sea, sacarla del agua sin contemplaciones, o por el contrario pelearos con ella hasta vencerla y meterla en vuestra sacadora.

A veces cuando se produce una captura, sucede que la mosca resulta impregnada de la sangre de la trucha, o de la mucosa o baba que envuelve a la misma, lo que impedirá su buena flotación. Para remediarlo, deberá introducirse la mosca en el agua del río, tomándola por el hilo, cerca de ella, lavándola enérgicamente con movimiento de vaivén, procediendo después a su secado, mediante los anteriormente citados golpecitos de la caña, repitiendo después el proceso de impregnado del hidrófugo y posterior secado final, etc, etc.

Una vez bien batida vuestra orilla, siempre de manera sigilosa, sin hacer ruidos ni movimientos extraños, probaréis a presentar vuestra mosca en las corrientes situadas en la parte central del río y, posteriormente hacer lo mismo en la orilla opuesta. Repetid la operación, caminando río arriba, en dirección contraria a la corriente, probando suerte aquí y allá en busca de las piezas.

En los dias en que el viento dominante sea contrario, aumentaran las dificultades del lanzado de vuestra mosca, impidiendo ello un posado natural de la misma sobre el agua lo que conllevara un esfuerzo superior al normal, que os podrá en algunos casos fatigar y malhumorar y también originar, como consecuencia del fuerte impulso ejercido, la posibilidad de llegar (sin querer) a golpear con la punta de la cana contra las piedras del no, con evidente riesgo de rotura de la misma.

Este viento contrario, que representa una autentica "maldición del pescador", en ocasiones impide, a pesar de los esfuerzos, el poder llegar a posar la mosca sobre el agua, motivado a su escaso peso, que oscila entre los 25 y 40 miligramos, y la mosca se vuelve contra la cara del pescador cada vez que hace un nuevo lance.

Una manera de contrarrestarlo, aunque a mi me resulta una forma desagradable de pescar, consiste en cambiar el sentido de la marcha, esto es: pescar en la misma dirección en que corre el río, aguas abajo, cosa que, por otra parte, tiene el inconveniente de perder la eficacia de la clavada en el pez y a la vez, tener la certeza de que el nos esta viendo.

Empero, no debéis desesperar por ello, pues los vientos suelen ser cambiantes y aquel que tantos sinsabores nos trajo antes, ahora puede sernos favorable y ayudaros a hacer las posadas de la mosca sobre el agua con delicadeza y con el mínimo esfuerzo, resultando ahora vuestro aliado, pero veleidoso.

Algunos consejos útiles

Aunque, en teoría, la pesca con mosca seca alcanza su momento óptimo de capturas en los meses más cálidos, por mi parte, la practico ya desde el primer día hábil con resultados bastante satisfactorios. Ello me obliga a buscar arroyos que, en lo posible, no estén muy afectados por la nieve, o sea, que procedan de manantiales y por lo tanto de aguas mas calientes o en el caso de hacerlo en el río, buscare los puntos donde este se divida en pequeños arroyos y la lámina de agua sea lo más delgada posible, pues difícil será hacer subir a las truchas a la superficie en busca de vuestra mosca desde aguas profundas, cuando aún están perezosas y desganadas o inapetentes, por la fría aún temperatura de las aguas.

Resumiendo, a principios de temporada buscaréis las truchas en aguas lo más cálidas posibles con moscas oscuras y, a medida que va pasando la temporada, id aclarando las plumas y cuerpos de vuestras moscas y buscad las truchas en todo el río, preferentemente en los puntos descritos anteriormente.

En cuanto a las mejores horas para pescar, van desde el mediodía hasta las 3 ó 4 de la tarde al principio y, a medida que va avanzando la temporada se van dilatando las horas de pesca, llegando incluso, cuando las aguas estén templadas, a poder pescar bien durante todo el día, desde el amanecer hasta el ocaso.

Sucede a veces, que por efecto del constante movimiento a que se somete la caña, tanto para hacer el lance como para mantener la mosca bien seca mediante falsos lances, se pueden quedar trabados dos tramos de ella. Para remediar este inconveniente que impide el plegado total de la caña y, por lo tanto ser introducida en el maletero de vuestro automóvil, para el regreso a casa, os recomiendo procedáis de la manera siguiente: en primer lugar, separaréis los dos tramos trabados del resto de la caña. A continuación deberéis apoyar la parte más gruesa de ellos, en posición horizontal, sobre un árbol y, colocando un pañuelo, o un trapo o un plástico que sirva de amortiguador, en el lado opuesto, le daréis unos golpes secos sobre el pañuelo con un “regodón” o canto rodado del río hasta que se separen. Y, si tenéis a alguien a vuestro lado en ese momento, hacer que él esté sujetando con sus manos sobre el punto de unión de los tramos trabados, mientras golpeáis con el “regodón”, para evitar que la caña “fleche” y se pierda la fuerza del golpe. Repetid, como os digo, los golpes secos hasta que queden separados los tramos objeto del problema, y preceder a montar de nuevo la caña.

En caso de “enronchar” o quedar enganchado el anzuelo en una rama o una piedra del río, no deberéis darle tirones bruscos ni castigar la caña, si no que deberéis tratar de soltar el enganche tirando del hilo hacia vosotros, hasta que suelte o se rompa, pues, por fuerte que sea la caña que utilicéis, si se maltrata, ésta acabará rompiéndose, lo cual puede dar al traste con vuestra jornada de pesca.

Y nada más, queridos amigos. Si al final de la lectura de este modesto trabajo, he conseguido ayudar a engrosar las filas de “mosqueros” con caña larga, habré quedado plenamente satisfecho.

Paulino Posada


Articulo publicado en ConMosca el 23 de diciembre de 2003

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